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Espasmos nerviosos

Me apretabas la mano, cada cinco minutos, con espasmos nerviosos que creo que nunca voy a poder olvidar. Actos reflejos, fruto de la emoción que te provocaba estar enseñándome aquellas imágenes en blanco y negro. Aquellas imágenes en movimiento pero de bajo presupuesto, que formaban parte de ti de una forma intensa y poderosa. TanSigue leyendo “Espasmos nerviosos”

Tristeza repentina

Me inunda una tristeza repentina que no sé controlar. Una sensación de pesadez recorre mi cuerpo; desde mi cabeza hasta mis pies, pasando por mis párpados, labios, brazos, muslos y rodillas. De repente me siento extraña en mi propia piel, como si no fuera mía, como si no fuera yo, y los calambres y tironesSigue leyendo “Tristeza repentina”

Costumbrismo

Dos puertas cerradas, la música suena. Nada consigue ocultar los gritos que se escuchan al final del pasillo. Dos hermanas ancianas, tristes y enfermas, discuten por tonterías, por granos de arena que para ellas suponen grandes montañas. Dolor de oídos, alma partida, recuerdos tormentosos. – Hola, Ansiedad. – Cuanto tiempo, enemiga. La pelota ha vueltoSigue leyendo “Costumbrismo”

C’est la vie

Y entonces, y solo entonces, en aquel lugar indeterminado bajo la luz de la luna y con aquella carta arrugada entre mis manos, lo entendí.

Incertidumbre ante la certidumbre

Aún recuerdo aquella vez. Aquel primer y último abrazo de buenas noches y aquella sensación de incertidumbre ante lo desconocido y de certidumbre ante lo conocido. Ante la seguridad que me daba mirar esos ojos felices y descansar entre esos brazos fuertes, a sabiendas de que nada malo podría pasarme si sentía tu calor.

Cataratas

Me cansé de no ser feliz en el peor momento. Me dejé envolver por tu forma de mirarme, por tu forma de entenderme. Decidí, como C. Tangana y Rosalía, que antes de morir quería el cielo. El cielo en soledad, y el cielo contigo. Decidí dejar de llorar y elegí los domingos en pijama viendoSigue leyendo “Cataratas”

Felicidad

Escuchar el característico y grave sonido de tu voz.

Tristeza

Pensar en no poder contemplar tus ojos verdes.

Me gusta

Me gusta el café y me gustan las velas aromáticas. El olor a coco, a canela y a jazmín, y también el olor a rompa limpia y a suavizante azul, el de toda la vida. Me gustan los besos dulces y las miradas tiernas, y que me hagas fotos cuando crees que no me doySigue leyendo “Me gusta”

El rubor indisipable

Aquella decisión me curó, y entonces volví a apreciar el olor del café y la canela por las mañanas. Pese a aquello y aunque por fin me había quitado la tirita, seguía perdida entre las páginas de mis libros, siempre distraída, con la cabeza en cualquier otra parte que no fuese La Tierra, entre vocalesSigue leyendo “El rubor indisipable”

Las estrellas

Y recordé todas aquellas veces que fuimos a ver las estrellas allí, donde no había contaminación lumínica, sentados en el capó y arropados hasta la cintura con una toalla vieja, sin que nada ni nadie más importase. Solo tú, yo, los grillos y el firmamento.

Con la ropa puesta

Vivirlo, sentirlo. Escuchar en tu boca el dulce sonido de mi nombre, observar el brillo en tus ojos fijos cuando me miras y me desnudas, por dentro y por fuera, con la ropa puesta. Porque no te hace falta quitarla, porque no te hace falta tocarme.

Me vuelve a dar miedo

Y por undécima vez, me vuelve a dar miedo estar sin ti. Porque siempre has estado, desde que te conocí; porque las palabras que ya no te dejo pronunciar han causado un vacío en mí que no se cómo paliar, porque me da miedo salir del bucle. Porque es difícil gestionar la inseguridad de tuSigue leyendo “Me vuelve a dar miedo”

Químicos del arcoíris

Me acerco lenta pero ágilmente al tocador. Me siento sobre el taburete y abro el cajón con delicadeza, utilizando solo el dedo Índice y el Pulgar. Mi imagen se refleja en el espejo. Me acusa entre las luces. Mis ojos encuentran granos, cicatrices y pequeñas e incipientes arrugas de llorar y de reír; de gritarSigue leyendo “Químicos del arcoíris”

El barrio

Son las 8 de la tarde, es invierno y la noche acaricia el asfalto. Espero el autobús, sentada en la parada, frente al viejo y cascado bingo. Espero esa línea que he cogido tantas y tantas veces a lo largo de mi vida. Para ir al mítico cine ‘Liceo’, que ya no existe, y aSigue leyendo “El barrio”

Respiro

Una pelota se forma en el centro de mi pecho lentamente. Se oyen gritos en el patio y los niños trotan como cabras mientras los profesores fuman y charlan animadamente en corrillo. Gorda, Chewbacca, patitas de pollo, rara, chivata. – ¿Por qué no tienes padre?, ¿por qué siempre vistes de negro? Un chicle pegado enSigue leyendo “Respiro”

Hiponcondría

La ansiedad me ahoga y la hipocondría me presiona. Me empujan hacía un rincón y me ponen contra la pared, haciéndome perder la cordura y llevándome a preguntarme qué es real y qué no. Si todo aquello que alguna vez sentí fue cierto, si el dolor realmente lo era. Pienso en las flores de marzo,Sigue leyendo “Hiponcondría”

El principio del fin

Aquella madrugada, sin siquiera darte cuenta, tomaste mi corazón con tu mano derecha y lo lanzaste contra el suelo enmoquetado. Siempre fuiste diestro y muy habilidoso con las manos. Mi pequeño y acelerado órgano se fracturó en mil pedazos y nunca más pudo volver a recomponerse; ni todo el Kintsugi del mundo lo arreglaría después.Sigue leyendo “El principio del fin”

El primer día rojo

Cuando desperté mi pesadilla se hizo real. Tuve un día rojo y agradecí encarecidamente que el sol volviese apagarse. De nuevo me metí en la cama. Y me sentí pequeña, lejos, soñadora, triste, esquiva, insomne y vulnerable. Como una serpiente recién sacada del cascarón que aún no sabe que es un depredador; tan cansada comoSigue leyendo “El primer día rojo”

La primera noche negra y roja

Sin darme cuenta pensé en los días negros. Me fui a dormir y soñé que sufría un día rojo y que me convertía en un escarabajo vulnerable que se ahogaba en su propia saliva. 

Tardes de cine y purpurina

Recuerdo aquellas tardes de cine y purpurina. Aquellas citas en las que renunciaba a la sombra de ojos mate porque era fiesta y elegía la brillante. Y es que ir al cine para nosotros eso es lo que era, una fiesta. Como contadores de historias compartíamos sin duda una marcada pasión por la cultura. PorSigue leyendo “Tardes de cine y purpurina”

Me falta el aire

Me falta el aire y miro al vacío en busca de oxígeno. Me acerco a la ventana y me agarro a las rejas, contemplando la lluvia caer sobre el asfalto. Una lluvia de marzo insistente que se niega a abandonar esta desfortunada primavera. Agarrada a los barrotes, quiero encontrar aquellos ojos verdes, grandes y redondos;Sigue leyendo “Me falta el aire”

Y ya no estás

Sueño con tu abultada melena de león. Huelo tu pelo en mi mente, imaginándome que tu larga y rizada caballera acaricia mi anguloso pómulo derecho con suavidad. Sólo el derecho. Sueño con tu piel y con su fresca fragancia. Un olor tan inusual y tan característico de ti, tan de bebé y tan masculino aSigue leyendo “Y ya no estás”

Cuánto te quise

Cuánta culpabilidad, cuánto miedo, cuánta tristeza. Cuántas veces soñé con esa asíntota por definición, con aquel deseo vehemente nunca conseguido. Disfruté cuando se acercaba y me frustré cuando se alejaba, una y otra vez. Aún sigo preguntándome si fui demasiado dura, convencida de que todo aquello que tú sentías era profundamente real; inocente y puro,Sigue leyendo “Cuánto te quise”


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